facebook
Menu

Año 3 #25 Noviembre 2016

El cantar del hombre muerto

Voz joven la de Ernesto Pastrana. Una voz que se pregunta: “¿Dónde están los versos espurios / que se esconden en la noche estrellada?.” (Espurios por falsos o por bastardos. O por ambas cosas.) Y sobre lo perdido (quizá, sospechamos, irremediablemente perdido) medita o reconoce: “Pienso que preferiría cualquier cosa con tu nombre / un recuerdo vago, un acto hostil / un vistazo austero o un ardor foráneo.“ Buena voz la de Ernesto Pastrana.

Poemas extraídos de El cantar del hombre muerto, De los Cuatro Vientos Editorial, Buenos Aires, 2015.

 

Exhortación a la Niñez

¿Dónde están los versos espurios
que se esconden en la noche estrellada?

¿Serán mis días mi acantilado?

Silencio acogedor de las frías mañanas
tenaz conviertes la pesadilla en júbilo
sentimiento raudo para un hombre
que pasa su tiempo acostado
turgentes paredes que atan mi cuerpo
disparando espigas venenosas e insuficientes
mi alma reclama que ya es hora
de ir en búsqueda de los versos rigurosos

Abismo que rodean
al niño de espejos bastardos
esperando el óbito del parnaso con desenfreno.

Oh, niño que fui, que soy
se valiente en las tinieblas,
entregado al desconsuelo de las voces iracundas.

Oh niño que pretender ser,
libérate del golfo de penas
que el mar me trajo con su aurora
y grita al crepúsculo terso
proclama tu libertad
niño de aventuras soñadas
enfrenta la languidez de los hombres
que se ofrecen a pasar por el orbe
sin preguntarse lo hermoso que puede ser
rebelarse contra uno mismo.

Oh niño que adoro,
evoca tu pasado bravo de olas feroces
y anímate a nadar junto a los árboles.

 

Soledad

De soledad en soledad
busco tu destino perdido
invoco flores de hierro
y abrazo piedras mojadas
de soledad en soledad
pasa la vida cantando
anudando hilos rotos
y corazones explotados
de soledad en soledad
varían los días ausentes
transitan los mundos copiosos
devorando ríos y claveles.

Atestiguan todos, un canto solemne
desperdigado de sus horas
enfurecido de su abandono
y añorando lo que nunca le ocurrió.

Llora por los árboles ulcerados
llora por las piedras desorientadas
llora por sus aves sin rumbo.

De soledad en soledad
pasa la vida
retumbando con fiereza en la cabeza
sentenciando por azar las virtudes
y llorando porque ella también
se encuentra sola.

 

Pasado

Prefiero el agua verde de tus párpados
mirándome absorta en nuestra cama.

Prefiero tu cuerpo frágil y precoz
tus ríos de sal y tus lágrimas de arena.

Pienso que preferiría cualquier cosa con tu nombre
un recuerdo vago, un acto hostil
un vistazo austero o un ardor foráneo.

Hoy recuerdo vagamente tu rostro
percibo vestigios de tu aroma
y acaricio tu oreja febril.

Prefiero el agua verde de tus párpados,
la languidez de tus palabras,
el nerviosismo de mis dedos
tus ríos de sal y tus lágrimas de arena.

Hoy recuerdo vagamente tu nombre.

 

Alianza

Sigilo en los días, adentro de tu voz
acechando tu descaro fundé mi actitud.

Dueña de mi amor, callada en mis sueños
el destino golpea tu movimiento
que define la tierra.

Arde tu tímida edad detrás de tus lágrimas
caídas en el suelo húmedo de seres rotos
en medio del sol empobrecido por tu estela
en lo alto del vacío de tus manos.

Tu boca de hoja fina muerde
arranca las mariposas del término
con objetos de mi deseo fugaz
enardecido por tu mirada prístina huyendo.

Vuela el viento, impredecible, a mis ojos
que lloran agua inerte
vertidos en caderas de porcelana vieja,
días gastados por tu aroma.

En el medio de tu cuerpo llano
solo tus ojos para vestir la moral
ejercen un movimiento fino
de ritmo lacónico y voraz.

Cruzan la vigilia tus caderas acorazadas
entre tu cuerpo y el mío
desbordando lunas abandonadas
sobrellevando tu muerte conmigo.

 

Tus Ojos

Todo está oscuro
pero todo siempre estuvo oscuro
solo tus ojos se ven nítidamente
en la sombra que es mi sombra
en mis ojos que son tus ojos.
Me persigues. Te atraigo
nos debatimos opacos
sin necesidad de vernos.
Yo Corro
no sé si porque me gusta o
es lo único que sé hacer.
Tu me miras. No necesito tus
palabras o tal vez sí. No lo sé
pienso que a veces necesito tus
palabras
pienso que a veces necesito tu
boca
solo a veces.
Te atraigo. Me persigues
sigo obnubilado por tus ojos
y a pesar de que no quiero verlos
no puedo quitar mi mirada de ti
no puedo evitar confundirme
entre mi brazo y el tuyo
Te atraigo. Me persigues
sos mi sombra
y mientras todo se encuentra oscuro
te veo, siempre te veo.

  • Ernesto Pastrana
    Pastrana, Ernesto

    Ernesto Facundo Pastrana (1989, Buenos Aires) estudió periodismo (ETER) y Filosofía (UBA). Publicó el poemario El Cantar del Hombre Muerto —que ganó el primer premio en el XXXI Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve Homenaje a Oliverio— en 2015. Además, algunos de sus poemas se encuentran en varias antologías y revistas literarias.