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Año 7 #80 Junio 2021

Yo maté a Stieg Larsson

Avisamos a las autoridades judiciales, por si les toca estar atentas, que no se dejen llevar por el título grandilocuente. No es cierto que José María Gatti haya matado al periodista y escritor Karl Stig-Erland Larsson, más conocido como Stieg Larsson.

 

Yo maté a Stieg Larsson

 

¿Ustedes creen que un escritor puede matar a otro escritor?... Posiblemente sí, pero no es mi caso. Decir que yo maté a Stieg Larsson es una fantasía. Voy a ser preciso: en febrero de 2004 venía conduciendo mi auto y repentinamente comencé a transpirar, el sudor era intenso, caían las gotas sobre el volante, no tenía ningún dolor, no me sentía mareado. Estaba en duda, pero al final marché hacia el Sanatorio Anchorena, fui a la guardia con la certeza de que todo sería un trámite. Error. Había sufrido un infarto silencioso y quedé internado. La cosa no fue sencilla: operación programada y cuatro by-pass. En plena recuperación recibí una invitación de un gran amigo que vivía en Estocolmo. “Vení, te mando el pasaje… aquí es otra cosa”, me dijo. Después de dar vueltas y vueltas, al final acepté y en mayo partí a un país desconocido, con un idioma que jamás entendí y personas con quienes me costaría acostumbrarme. Mi amigo es periodista, vive en Suecia como refugiado político, había salido de Argentina en el 76, pasó por España, luego por Francia y finalmente por Suecia, trabaja en una agencia de noticias y solía reunirse con otros colegas en el café Anna. Allí conocí a Stieg Larsson cuando todavía no era famoso. En ese momento era un periodista más, dirigía un periódico llamado Expo, había trabajado en TT, la agencia de noticias más importante de Suecia, a la que decidió renunciar después de veinte años. Cuando mi amigo me lo presentó lo sentí un poco pedante. Yo tenía la dificultad del idioma. Mi amigo se volvía loco para traducir y tanto Stieg como yo hacíamos lo imposible por comunicarnos. Stieg era un tipo delgado, de mirada fuerte, de respetable altura, vestía de manera clásica, siempre de saco espigado color gris o tabaco, pantalón oscuro y cargaba una mochila negra con su computadora y una agenda donde anotaba todo.

Solo voy a hablar de Larsson como persona, porque sus novelas policíacas muestran únicamente una parte de la vida de este autor amante de la ciencia ficción, la Biblia, su posición contra la extrema derecha, su compromiso con los derechos humanos, la mitología escandinava, el espionaje, su militancia maoísta y después trotskista, su lucha permanente por la justicia, su defensa del feminismo.

Mi amigo lo conocía a Larsson porque era un adicto al café como él, y aquí está uno de los factores de la muerte de Stieg. Larsson no tenía sangre en sus venas sino café. En una charla de dos horas consumía más de diez pocillos y así continuaba su día en la redacción y después durante la madrugada cuando escribía las novelas. Stieg no se preocupaba por la salud, comía cualquier preparado chatarra, fumaba sin parar, bebía descontroladamente y eso, sumado al estrés, precipitó su muerte. Cómo los que veíamos todo esto no le dijimos nada… Eva Gabrielsoon su compañera tampoco… También es cierto que en el último año su cuñada le había regalado un “chequeo médico”, pero Larsson no lo aceptó. Por eso digo con culpa “yo maté a Stieg Larsson”, porque después de mi paso por el quirófano tenía argumento suficiente para aconsejarle que se cuidara. Pero Larsson era un caprichoso y nos iba a responder con su frase lapidaria: “REFLEXIONARÉ SOBRE ELLO”, que traducida al idioma coloquial quería decir “no me rompan las pelotas”.

Larsson vivió una niñez difícil al lado de sus abuelos, porque sus padres lo dejaron a su cuidado. Todo transcurrió en una casa de madera en Umio, que a su abuelo le habían otorgado como veterano de guerra. Una casa al borde del bosque, con una cocina en ambiente único sin agua ni electricidad. Las paredes mal aisladas con tablones, el sistema de calefacción se limitaba al fuego de leña que no calmaba la temperatura exterior de treinta y siete bajo cero. Stieg iba a la escuela del pueblo en esquíes, a la luz de la luna. Larsson nos contó que su abuelo Severín era un comunista antinazi que durante la segunda guerra mundial fue detenido e internado en un campo de concentración. Después de ese oprobio, trabajó de obrero y luego se fue a vivir al campo, donde reparaba bicicletas, motores y algunas máquinas. A Stieg le encantaba acompañarlo en esas tareas. Severín murió de un ataque al corazón al igual que la madre de Stieg… ¿ coincidencia? A los 9 años Stieg se reencontró con sus padres y allí conoció a su hermano Joakim.

Un dato poco conocido es que al principio el nombre de Stieg se escribía sin e. En Umio había dos Stig Larsson, pero parece que el otro era un ladrón de libros de la biblioteca y las cartas de reclamo le llegaban a él. Por eso Larsson, decidió agregarle la e a su nombre y así dejar de tener problemas. Esta rigurosidad venía de su crianza, donde a la persona no se la medía por el dinero y el éxito, sino por el respeto y la honestidad.

Stieg comenzó a militar en el Frente Nacional de Liberación, un ala maoísta que apoyaba a los vietnamitas y que recaudaba fondos para la causa. Para mantenerse trabajaba como aprendiz de cerrajero, lavaplatos de un restorán y repartidor de diarios, pero al poco tiempo se mezcló con una célula trotskista en la fábrica de Volvo. Nada conforme, a los veintidós años Stieg cumplió uno de sus sueños, marcharse aÁfrica y ponerse en contacto con varios grupos implicados en la guerra civil de Etiopía. De esa experiencia sobrevivió a una malaria que lo dejó ciego temporáneamente.

Larsson recordaba que por un conocido había ingresado al Correo, un trabajo seguro que le permitía hacer otras cosas fuera del horario, pero cansado de la monotonía consiguió incorporarse a la agencia de prensa TT. Gran parte de sus colegas lo consideraban por ser un autodidacta. Stieg jamás consiguió un puesto fijo. La razón que alegaba la agencia era que “no sabía escribir”. Después de pelearla, finalmente aceptó la indemnización por despido, se dedicó a su revista Expo y a escribir por las noches la saga Millennium.

Aparte de la política, a Larsson le gustaba la ciencia ficción, las historias de cómics, las novelas policiales escritas por mujeres, el juego de ajedrez y los teoremas matemáticos.

Larsson estaba amenazado por la extrema derecha, vivía pendiente de todo lo que pasaba a su alrededor; en nuestras reuniones en el café, mi amigo solía sentarse entre él y la puerta, como una forma de no dejar un blanco fácil por si había un atentado. Larsson nunca invitaba a su departamento a nadie, siempre se reunía en un café y llegaba un rato más tarde porque antes había observado todo. Trataba de no mostrarse con su compañera, de regreso al departamento rigurosamente hacía un camino diferente. Stieg recibía balas por correo y en más de una ocasión lo esperaron en la puerta de Expo para matarlo. No usaba celular y sus teléfonos estaban monitoreados por las amenazas. Todo había comenzado cuando Larsson empezó a colaborar con la revista mensual británica Searchlight, de ideas antifascistas.

Contrariamente a lo que se pensaba, Larsson no era un especialista en informática, durante mucho tiempo escribió en la vieja máquina de escribir, recién cuando se estableció con Expo empezó a manejar la computadora. Era un enfermo, en dos años escribió más de tres mil páginas, dormía cuatro horas, fumaba cuarenta cigarrillos diarios, tomaba dos jarras de café, comía pizza congelada, describía a Suecia tal y como la veía, con los escándalos, los lugares públicos, las mujeres, los mafiosos, la isla de Granada. En esa isla pasó un largo verano con su compañera. La otra historia personal que se mezcló con la literatura fue su pasión por navegar. Stieg tenía un barco de motor llamado Josephine, fabricado en 1954, el año de su nacimiento.

En el 2003, Larsson presentó el primer tomo de Millenniun a una editorial que se lo devuelve sin leerlo. En marzo de 2004 se lo entregó a la editorial Norstedts y esta le hace firmar un contrato de publicación engañoso que recién toma estado público cuando los abogados de Eva Gabrielsson descubren que los editores le habían hecho firmar un contrato donde se hablaba de una sociedad que nunca existió. Larsson pensaba que con los cincuenta mil euros que recibiría, terminaría de pagar su departamento y con los beneficios del cuarto volumen se dedicaría a mejorar su revista.

En uno de nuestros últimos encuentros, en junio de 2004, Larsson nos dijo que viajaría a París con una delegación sueca para hablar sobre los crímenes por odio en Internet.

A fines de agosto nos comentó que se casaría y que haría una gran fiesta con sus amigos.

La última vez que hablé con Larsson fue en setiembre en el Kaffebar, al lado del ingreso a la redacción de Expo, poco antes de regresar al país. El 9 de noviembre Larsson falleció de un infarto masivo. Eva no estaba a su lado. Se descompuso al llegar a Expo. Sus compañeros lo asistieron, pero él se negó a ir al hospital. Subió los tres pisos por escalera porque el ascensor no funcionaba y sintió un dolor en el vientre. Llamaron al servicio médico, lo atendieron, pero no le respondió el corazón. Antes de perder el conocimiento dijo “llamen a Eva”. En la oficina quedó su saco y la mochila con la computadora donde estaba el archivo del cuarto volumen de Millennium y los nombres y señas de sus confidentes sobre la extrema derecha.

En Suecia el entierro puede esperar semanas y debe obligatoriamente consignarse el día, la fecha y hora del mismo en el archivo informático público. A Stieg lo sepultaron el 10 de diciembre, el día de la entrega de los premios Nobel, porque así resultaría más fácil todo el proceso y pasaría desapercibido en caso de que los extremistas de derecha quisieran atentarlo.

La industria Millennium nació siete meses después de la muerte de Larsson, en julio de 2005. La verdadera vida de Larsson es la otra, la del trabajo.

Eva, por no estar casada con Stieg, no cobra derechos de autor. La medida de postergar el casamiento era una forma de protección contra los ataques de los grupos de extrema derecha que Larsson investigaba. Como en Suecia no se reconoce el concubinato, Eva fue privada de toda herencia. Erlan y Joakin, el padre y hermano de Larsson, son los únicos herederos.

 

  • José María Gatti
    Gatti, José María

    José María Gatti nació en Buenos Aires, en 1948. Es psicólogo social, periodista e investigador. Se especializa en la obra de Ernest Hemingway y colabora en distintas publicaciones del extranjero analizando la vida del escritor.

    En el año 1989 recibió el Primer Premio Categoría Monografía, otorgado por la Fundación Hebraica Argentina, por su trabajo Argentina a flor de piel, en el marco de la Primera Jornada de Reflexión sobre Discriminación. En 2001, el Ayuntamiento de Oleiros (Galicia, España) lo reconoció con el Premio Llave del Rey por su cuento “Pálida luna de Manantiales”.

    Durante el 2004, la Editorial Longseller lo galardonó con el Segundo Premio, Categoría Cuento, en el Primer Concurso de Cuentos Longseller 2004 publicando su libro Ladrón de desalmados. También ese año obtuvo el Primer Premio en el Quinto Salón de Cuento y Poesía, organizado por UPCN (Unión Personal Civil de la Nación), por el cuento “Carmín encendido”. En enero de 2005, su microcuento “Despedida” fue seleccionado para integrar la Primera Antología de Microcuentos de Amor, organizado por la Universidad Nacional de Chile. En setiembre de ese año, el trabajo fue incorpora a la sección microcuentos de la Biblioteca Municipal Godella (Valencia-España).

    En junio de 2007 fue invitado en calidad de ponente por la Casa-Museo Ernest Hemingway / Finca Vigía de La Habana (Cuba) al XI Coloquio Internacional Ernest Hemingway para exponer su tesis “Hemingway: el genio bipolar”. Como conferencista ese año también asistió a la Tercera Feria del Libro Mar del Plata-Puerto de Lectura (Mar del Plata) donde disertó sobre la experiencia cubana.

    En 2011 estuvo invitado por el Instituto Hemingway de Bilbao (España) a dictar un ciclo de conferencias en Tarragona, Cambrils, Barcelona, Pamplona y Bilbao. Ese mismo año forma parte del Comité Organizador del Foro Internacional El mar de Hemingway (Lima-Perú). En el mes de julio, Radio Nedeland Internacional (Holanda) lo invitó junto al investigador Andrés Arenas Gómez a exponer sobre el suicidio y la bipolaridad de Hemingway.

    En 2010 su bitácora www.lapipadehemingway.blogspot.com fue seleccionada por Technorati, el principal buscador automático de blogs, entre los diez mejores blogs temáticos sobre Ernest Miller Hemingway. En el 2012 su cuento “La leyenda del vino” resultó finalista en el Concurso de Relatos Cortos Tinta, sangre y vino, organizado por las Bodegas Paternina (Logroño -España) con motivo del 55 aniversario de la visita del escritor a la bodega.

    El autor ha participado, en reiteradas oportunidades, de festivales internacionales del género negro. Entre otros: Festival Internacional de Medellín (Colombia), Córdoba Mata, Rosario Negro, Buenos Aires Negro y Azabache (Argentina).

    Es miembro de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y vocal suplente de la Unión de Escritoras y Escritores.

    Obra

    • Hola Hemingway. Una mirada centenaria (1999)

    • Ladrón de desalmados (2004

    • La pipa de Hemingway (2008)

    • Víctimas Inocentes (2013)

    • Carne en flor (2015)

    • Libre de pecados (2017)

    • El muertito de Hemingway (2019)

    • Siempre llueve detrás del arcoíris (2020)

     

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