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Año 6 #70 Agosto 2020

La oveja negra

Cuando hablamos de un escritor, o mejor aun, de un narrador, nos referimos a una persona que ha tomado como oficio el mentir, el fabular. Los hay mejores y peores, pero todos tienen esto en común. Ahora, son pocos los casos en que las fabulaciones sean tan crudamente verídicas como sucede con Monterroso. Enmarcadas en la tradición de Montaigne, sus fábulas nos hablan de valores universales pero a la vez marcadamente latinoamericanos, así como su crítica ética, moral y política se hunde como filosa daga en las costillas de esta tierra y a la vez de todas las tierras.

 

La Oveja Negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja Negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

 

El paraíso imperfecto

—Es cierto —dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno—; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

 

El Conejo y el León

Un célebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.

Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no sólo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos.

Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.

En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.

El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.

De regreso a la ciudad el célebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

 

El mundo

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

 

 

  • Augusto Monterroso
    Monterroso, Augusto

    Augusto Monterroso (Tegucigalpa, Honduras, 1920-Ciudad de México, 2003), pese a haber nacido en Tegucigalpa, es considerado guatemalteco por adopción. A partir de 1944, a causa de su ferviente militancia política, fija residencia en México.

    Desde su juventud abrazó la literatura y la actividad política. Participó en la fundación de la revista Acento, bastión intelectual de una época signada por la agitación: gobiernos cuestionados, alzamientos populares, episodios castrenses y una fuerte presencia de compañías estadounidenses que marcan a fuego la actividad política, económica y social de su país.

    En 1959, ya en el exilio comienza a publicar sus Obras completas (y otros cuentos). Continúa con trabajos que, entre otras cosas, se destacan por su brevedad: La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento Perpetuo (1972), y en 1978 llega su novela Lo demás es silencio. Otros textos publicados son La letra e: fragmentos de un diario (1987), Viaje al centro de la fábula (1981) y La palabra mágica (1983), estos últimos de difícil tipificación literaria pero preñados de belleza y profundidad.

    Hay quienes consideran a su “El dinosaurio” como el relato más breve de la literatura hispana: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Ha sido reconocido con el premio Villaurrutia (1975), Águila Azteca (1988), Juan Rulfo (1996) año en que finalizó su exilio y reunió su obra en Cuentos, fábulas y lo demás es silencio. En el año 2000 fue ganador del premio Príncipe de Asturias de las Letras.

    Como hombre comprometido con la realidad intervino en las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla de su país. Sus dos grandes pasiones han sido la literatura y las causas sociales entre las que sobresale la fervorosa defensa de los indígenas de Guatemala. Dueño de una prosa higiénicamente simple, de agradable lectura, los rasgos característicos de su estilo son la fábula, la parodia y el humor. Más allá de sus merecimientos literarios, Monterroso ha sido un hombre querido y respetado por su sencillez y culto a la amistad.

    Obra:

    • Obras completas (y otros cuentos) (1959)
    • La oveja negra y demás fábulas (1969)
    • Movimiento perpetuo (cuentos, ensayos y aforismos, 1972)
    • Lo demás es silencio (novela, 1978)
    • Viaje al centro de la fábula (entrevistas, 1981)
    • La palabra mágica (cuentos y ensayos, 1983)
    • La letra e: fragmentos de un diario (1987)
    • Esa fauna (dibujos, 1992)
    • Los buscadores de oro (autobiografía, 1993)
    • La vaca (ensayos, 1998)
    • Pájaros de Hispanoamérica (ensayos, 2002)
    • Literatura y vida (cuentos y ensayos, 2004)