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Año 3 #34 Agosto 2017

Concierto para piano

El Concierto para piano y orquesta No. 1 de Tchaikovsky se destaca por la originalidad de su lenguaje, que se aleja del convencionalismo imperante en la Rusia de la época y explora una vertiente más personal. El concierto tiene un marcado carácter sinfónico y una gran intensidad dramática. El instrumento solista y la orquesta se contestan, a diferencia de otras obras en las que la orquesta se limita a acompañar al piano, aquí ambos chocan frontalmente, como si pelearan por llevar las riendas del discurso musical.

Aunque hoy es considerado por muchos como la máxima expresión del concierto romántico, en 1874 el Concierto para piano y orquesta No. 1 causó una gran decepción a Tchaikovsky. Cuando tocó el primer movimiento frente a su amigo y mentor Nicolai Rubinstein con la esperanza de conseguir su aprobación, la reacción del fundador del conservatorio de Moscú fue demoledora. Rubinstein afirmó que estaba "escrita de forma incompetente" y exigió a Tchaikovsky una serie de cambios si quería que él la tocara. El compositor se negó y buscó a otro pianista para el estreno. Poco después Rubinstein interpretaba el concierto por toda Europa y suplicaba a Tchaikovsky que le confiara la première del siguiente. Así lo hizo, pero Rubinstein murió antes del estreno.

 

Concierto para piano y orquesta No. 1 en Si Bemol menor, Op. 23
Martha Argerich, piano.
Charles Dutoit, conductor.

 

  • Piotr Ilich Tchaikovsky
    Tchaikovsky, Piotr Ilich

    Piotr Ilich Tchaikovsky (Votkinsk, Rusia, 1840-San Petersburgo, 1893) fue importantísimo un compositor ruso. A pesar de ser contemporáneo del Grupo de los Cinco (querían producir un tipo de arte musical ruso, en lugar de uno que imitara la música europea antigua o que se basara en la impartida en los conservatorios. Estaba integrado por Mili Balákirev, Aleksandr Borodín, César Cui, Modest Músorgski y Nikolái Rimski-Kórsakov) el estilo de Tchaikovsky no puede encasillarse dentro de los márgenes del nacionalismo imperante entonces en su Rusia natal. De carácter cosmopolita en lo que respecta a las influencias (entre ellas y en un lugar preponderante la del sinfonismo alemán, aunque no carente de elementos rusos), su música es ante todo profundamente expresiva y personal, reveladora de la personalidad del autor, compleja y atormentada.

    Los primeros pasos de Tchaikovsky en el mundo de la música no revelaron un especial talento ni para la interpretación ni para la creación. Sus primeras obras, como el poema sinfónico Fatum o la Sinfonía Nº 1 «Sueños de invierno», mostraban una personalidad poco definida. De inspiración fácil, gustaba del lirismo efusivo y espontáneo, abierto a inflexiones idílicas o elegíacas de una grata cantabilidad, lo que explica el éxito posterior de sus obras tanto en su patria como en el extranjero.

    De finales de esta etapa data la primera de sus composiciones que gozó de aceptación, la obertura Romeo y Julieta (1869). De una expresividad poco corriente, esta "obertura fantasía" rehúye todo pintoresquismo para centrarse en el trágico destino de la pareja protagonista. La partitura tuvo una larga gestación: a causa de los juicios críticos de Balakirev, Tchaikovsky llegó a escribir tres versiones de la misma, la más interpretada de las cuales es la tercera, fechada en 1880.

    Solo tras la composición, ya en la década de 1870, de partituras como la Sinfonía Nº 2 «Pequeña Rusia» y, sobre todo, del célebre Concierto para piano y orquesta Nº 1 (pieza virtuosista estrenada en 1875 con momentos absolutamente inolvidables, como su conocida y brillante introducción), la música de Tchaikovsky empezó a adquirir un tono propio y característico, en ocasiones efectista y cada vez más dado a la melancolía.

    En julio de 1877 se casó con una joven de la que se separó pocos meses después de la boda. Las inquietudes y amarguras de este triste episodio trastornaron su vida interior, causando también perjuicios a su salud; atacado de una grave depresión nerviosa, abandonó entonces Rusia para recluirse en una pequeña aldea junto al lago de Ginebra.

    Gracias al sostén económico de una rica viuda, Nadejda von Meck (protectora también de Debussy y a la que, paradójicamente, nunca llegaría a conocer), Tchaikovsky pudo dedicar, desde finales de la década de 1870, todo su tiempo a la composición. Fruto de esa dedicación exclusiva fueron algunas de sus obras más hermosas y originales, entre las que sobresalen el Concierto para violín y orquesta (1877), el ballet El lago de los cisnes (1877), la ópera Evgeny Oneguin (1878), la Obertura 1812 (1880) y Capricho italiano (1880).

    En 1885 regresó a Rusia y dos años después inició una vasta gira de conciertos por Europa y América. A la última fase de su actividad creadora pertenecen la ópera La dama de picas (1890), los dos ballets La bella durmiente (1890) y Cascanueces (1892) y la última de sus seis sinfonías, verdadero testamento musical: la Sinfonía Nº 6 «Patética».