facebook
Menu

Año 1 #4 Enero 2015

Para acabar con Ingmar Bergman: El séptimo sello

Fanático declarado del cineasta Ingmar Bergman, en este texto Woody Allen homenajea al gran maestro sueco. "El séptimo sello", una de las grandes películas de Bergman, cuenta la historia de un caballero medieval que, para sobrevivir a la peste, decide apostar su vida a la Muerte en una partida de ajedrez.

Allen utiliza el personaje bergmaniano de la Muerte en este texto y en su película "La última noche de Boris Gruyenko". Los Monty Python, el genial grupo de comediantes ingleses, también lo utiliza en "El sentido de la vida"; las películas "Bill & Ted" ("Bill & Ted's Excellent Adventure" y su saga "Bill & Ted's Bogus Journey"), protagonizadas por Keanu Revees, retoman el tema, y los fanáticos de los comics pueden haber leído en los últimos meses la versión que Grant Morrison hace de este desafío ajedrecístico en las primeras páginas de Seaguy.

 

Del libro Cómo acabar de una vez por todas con la cultura 
 

(El drama se desarrolla en el dormitorio de la casa de dos pisos de Nat Ackerman, en algún lugar de Kew Gardens, Nueva York. La habitación está enmoquetada. Hay una gran cama doble y un inmenso velador. La habitación está enmoquetada y acortinada de forma meticulosa y en las paredes hay varias pinturas y un barómetro no muy atractivo. Se oye una música suave cuando se levanta el telón. Nat Ackerman, un confeccionista de pret a porter de cincuenta y siete años, calvo, está sentado en la cama terminando de leer el Daily News. Lleva puestas una bata y zapatillas y lee a la luz de una lamparilla cogida con grampas al cabezal blanco de la cama. Es cerca de medianoche. De pronto, se oye un ruido, Nat se sienta y mira la ventana.)

NAT: ¿Qué diablos es eso?

(Trepando torpemente por la ventana, aparece una figura sombría y con capa. El intruso viste una capucha negra y ropa ajustada al cuerpo también de color negro. La capucha le cubre la cabeza, pero no la cara, que es de mediana edad y absolutamente blanca. De algún modo, tiene cierto parecido con Nat. Resopla sonoramente y luego, saltando por encima del marco de la ventana, se deja caer en la habitación.)

LA MUERTE: (porque de eso se trata): ¡Dios santo! Casi me rompo el cuello.

NAT: (observando perplejo): ¿Quién es usted?

LA MUERTE. La Muerte.

NAT: ¿Quién?

LA MUERTE: La Muerte. Escuche. ¿Puedo sentarme? Casi me rompo el cuello. Estoy temblando como una hoja.

NAT: ¿Quién es usted?

LA MUERTE: La Muerte. ¿No tendría un vaso de agua?

NAT: ¿La muerte? ¿Qué quiere decir... La Muerte?

LA MUERTE: ¿Qué diablos le pasa? ¿No ve mi traje negro y mi rostro blanco?

NAT: Sí.

LA MUERTE: ¿Y le parece que puedo ser Pinocho?

NAT: No.

LA MUERTE: Entonces soy La Muerte. Ahora bien, ¿Podría darme un vaso de agua… o un agua tónica?

NAT: Si se trata de una broma…

LA MUERTE: ¿Qué clase de broma? ¿Tiene cincuenta y siete años? ¿Nat Ackerman? ¿Calle Pacific 118? A menos que me haya equivocado…¿dónde habré dejado el papel?

(Se revisa los bolsillos hasta que saca una tarjeta con una dirección. La verifica.)

NAT: ¿Qué quiere de mí?

LA MUERTE: ¿Qué qué quiero? ¿Qué le parece que quiero?

NAT: Debe estar bromeando. Estoy en perfecto estado de salud.

LA MUERTE: (sin dejarse impresionar): Uh, uh. (Mira en derredor) Es un hermoso lugar. ¿Lo hizo usted mismo?

NAT: Tuvimos una decoradora, pero yo la ayudé.

LA MUERTE: (mirando una foto en la pared): Me encantan esos chicos de ojos grandes.

NAT: No quiero irme todavía.

LA MUERTE:¿Usted no quiere irse? Por favor no empecemos. No empeore las cosas, la ascensión me ha mareado.

NAT: ¿Qué ascensión?

LA MUERTE: Subí por la tubería del desagüe. Quería hacer una entrada dramática. Vi. las ventanas abiertas y pensé que usted estaría despierto leyendo. Imaginé que sería divertido subir y entrar así, por las buenas, ya sabe… (chasquea los dedos). Pero me enganché el tacón en una enredadera, se rompió la tubería y me quedé colgado por un pelo. Después se me rasgó la capa. Mire, mejor vámonos de una vez. Ha sido una noche terrible.

NAT: ¿Así que, además, me ha roto la tubería del desagüe?

LA MUERTE: Bueno roto, no, sólo un poco torcido. ¿No oyó nada? Me pegué un porrazo en el suelo.

NAT: Estaba leyendo.

LA MUERTE: Entonces debería estar muy concentrado. (Hojea el periódico que leía Nat.) “Colegialas sorprendidas en una orgía de marihuana”. ¿Me lo presta?

NAT: Aún no he terminado.

LA MUERTE: Bueno…no sé cómo decírselo amigo, pero…

NAT: ¿Por qué no tocó el timbre abajo?

LA MUERTE: ¿Y qué, si no, estoy tratando de explicarle?

Podría haberlo hecho, pero ¿qué impresión le habría causado? Así queda más dramático. Pasa algo. ¿Ha leído Fausto?

NAT: ¿Qué?

LA MUERTE: ¿Y qué habría ocurrido si hubiera estado acompañado?

Estaría sentado, ahí con gente importante. Llego yo, La Muerte. ¿Qué le parece mejor? ¿Qué toque el timbre o aparezca de pronto? ¿En qué está pensando, hombre?

NAT: Escuche, señor, es muy tarde.

LA MUERTE: Tiene razón. Bueno, ¿vamos?

NAT: ¿Adónde?

LA MUERTE: La Muerte. Eso. La cosa. Los Felices Campos de Caza. (Se mira la rodilla) ¿Sabe?, es una herida bastante profunda. Mi primer trabajo y puede que coja una gangrena.

NAT: Espere un minuto. Necesito tiempo. No estoy listo para ir.

LA MUERTE: Lo lamento mucho. No puedo hacer nada por usted. Me gustaría, pero ha llegado la hora.

NAT: ¿Cómo puede haber llegado la hora? ¡Si acabo de asociarme con Original Pret a porter!

LA MUERTE: ¿Qué diferencia hay entre un par de billetes más o un par de billetes menos?

NAT: ¡Claro! A usted ¿qué le importa? Debe tener todos los gastos pagados.

LA MUERTE: ¿Quiere venir conmigo ahora?

NAT: (estudiándolo): Perdone, pero no puedo creer que sea usted La Muerte.

LA MUERTE: ¿Por qué? ¿Qué esperaba?… ¿Rock Hudson?

NAT: No, no se trata de eso.

LA MUERTE: Siento mucho haberlo desilusionado, pero, oiga usted…

NAT: No se enfade. No sé; siempre pensé que usted sería…eh un poco más alto.

LA MUERTE: Mido un metro setenta. Es normal para mi peso.

NAT: Se parece algo a mí.

LA MUERTE: ¿Y a quién tendría que parecerme? Al fin y al cabo soy su Muerte.

NAT: Deme un poco de tiempo. Un día más. Veinticuatro horas.

LA MUERTE: ¿Para qué las necesita? La radio dijo que mañana lloverá.

NAT: ¿No podríamos llegar a un acuerdo?

LA MUERTE: ¿Como cuál?

NAT: ¿Juega al ajedrez?

LA MUERTE: No.

NAT: Una vez vi una foto suya jugando al ajedrez.

LA MUERTE: No podría ser yo porque no juego al ajedrez. Gin rummy, quizás.

NAT: ¿Juega al gin rummy?

LA MUERTE: ¿Si juego al gin rummy? ¿Juega McEnroe al tenis?

NAT: Es muy bueno, ¿no?

LA MUERTE: Muy bueno.

NAT: Le diré lo que haré…

LA MUERTE: No quiera llegar a ningún acuerdo conmigo.

NAT: Le reto al gin rummy. Si gana usted, me voy enseguida. Si gano yo, me da un poco más de tiempo. Un poquitín...un día más.

LA MUERTE: ¿Y quién tiene tiempo para jugar al rummy?

NAT: Vamos, vamos. Dice que es tan bueno..

LA MUERTE: Aunque me gustaría hacer una partidita…

NAT: Vamos, pórtese como un caballero. Juguemos media hora.

LA MUERTE: En realidad, no debería…

NAT: Aquí mismo tengo las cartas. No se ahogue en un vaso de agua. Vamos.

LA MUERTE: De acuerdo, empecemos. Juguemos un poco, Me relajará.

NAT: (tomando las cartas, una hoja para anotar, un lápiz): No se arrepentirá.

LA MUERTE: No me dore la píldora. Vamos a las cartas, deme un agua tónica y algo de picar. ¡Vaya! Aparece un desconocido en su casa y usted no tiene ni patatas fritas para ofrecerle.

NAT: Abajo hay galletas en un plato.

LA MUERTE. ¿Galletas? Y si viene el presidente, ¿qué?¿También le daría galletas?

NAT: Usted no es el presidente.

LA MUERTE: Dé las cartas.

(Nat da y sirve un cinco)

NAT: ¿Quiere jugar a una décima de centavo para hacerlo más interesante?

LA MUERTE: ¿No le parece aún lo suficientemente interesante para usted?

NAT: Juego mejor si hay dinero de por medio.

LA MUERTE: Lo que usted diga, Newt.

NAT: Nat. Nat Ackerman. ¿No sabe mi nombre?

LA MUERTE: Newt, Nat... ¡tengo tanta jaqueca!

NAT: ¿Quiere ese cinco?

LA MUERTE: No.

NAT: Entonces, recoja.

LA MUERTE: (mirando sus cartas mientras recoge): Dios santo, no conseguí nada.

NAT: ¿A qué se parece?

LA MUERTE: ¿A qué se parece qué?

( A lo largo de la siguiente conversación, cogen y abren cartas)

NAT: La Muerte.

LA MUERTE: ¿Cómo tendría que ser? Usted abrió allí.

NAT: ¿Hay algo después?

LA MUERTE: Aaaahhh, se está guardando los dos.

NAT: Le estoy preguntando. ¿Hay algo después?

LA MUERTE: (con aire ausente): Ya verá.

NAT: Ah, entonces ¿voy a ver algo?

LA MUERTE: Pues, quizá no tendría que habérselo dicho de ese modo. Descarte.

NAT: No suelta usted prenda. ¿eh?

LA MUERTE: Estoy jugando a las cartas.

NAT: Pues bien, juegue.

LA MUERTE: Mientras tanto, le estoy regalando una carta tras otra.

NAT: No mire el mazo.

LA MUERTE: No estoy mirando. Lo estoy poniendo recto. ¿Cuál es la carta para cerrar?

NAT: ¿Ya está listo para cerrar?

LA MUERTE: ¿Quién dijo que estaba listo para cerrar? Lo único que pregunté es con qué carta se cierra.

NAT: Y lo único que yo pregunto es si debo esperar algo después.

LA MUERTE: Juegue.

NAT: ¿No puede decirme nada? ¿A dónde vamos?

LA MUERTE: ¿Nosotros? Para decirle la verdad, usted tropezará en un montón de pliegues en el suelo y se caerá.

NAT: ¡Oh, no quiero verlo!¿Me va a doler?

LA MUERTE: Un par de segundos.

NAT: Extraordinario. (Suspira) Lo que me faltaba. Un hombre acaba de asociarse con Original Pret a porter y...

LA MUERTE: ¿Qué tal con cuatro puntos?

NAT: ¿Cierra y se va?

LA MUERTE: ¿Son buenos cuatro puntos?

NAT: No, yo tengo dos.

LA MUERTE: Está bromeando.

NAT: No, usted pierde.

LA MUERTE: ¡Dios santo! Y pensar que creía estar guardando los seis.

NAT: No, su turno. Veinte puntos y dos cajas. Dé. (La muerte da las cartas) Debo caerme al suelo ¿eh?¿No puedo estar de pie encima del sofá cuando suceda?

LA MUERTE: No; juegue.

NAT: ¿Por qué no?

LA MUERTE: ¡Porque todo el mundo se cae al suelo! Déjeme en paz. Estoy tratando de concentrarme.

NAT: ¡Porque tiene que ser al suelo! ¡Es lo único que digo! ¿Por qué demonios no puedo estar al lado de un sofá cuando suceda?

LA MUERTE: Haré lo que pueda. ¿Quiere jugar, sí o no?

NAT: De eso estoy hablando. Usted me recuerda a Moe Lefkowitz. Tozudo como una mula.

LA MUERTE: ¿Que le recuerdo a Moe Lefkowitz? ¡Soy una de las figuras terroríficas que pueda imaginarse y al señor le recuerdo a Moe Lefkowitz! ¿Quién es? ¿Un peletero?

NAT: Ya le gustaría ser ese peletero. Gana ochenta mil dólares al año. Fabricante de pasamanos. Tiene su propia fábrica. Dos puntos.

LA MUERTE: ¿Qué?

NAT: Dos puntos. Voy ¿Qué tiene?

LA MUERTE: Tengo una mano como el resultado de un partido de baloncesto.

NAT: Y son espadas.

LA MUERTE: ¡Si no hablara tanto!

(Vuelven a dar y siguen el juego)

NAT: ¿Qué quiso decir cuando dijo que era su primer trabajo?

LA MUERTE: ¿Qué le parece?

NAT: ¿Quería decirme acaso… que antes de mí no ha muerto nadie?

LA MUERTE: Por supuesto que sí. Pero no lo llevé yo.

NAT: Entonces ¿quién lo hizo?

LA MUERTE: Los otros.

NAT: ¿Hay otros?

LA MUERTE: Claro. Cada uno tiene su forma personal de irse.

NAT: No lo sabía.

LA MUERTE: ¿Por qué habría de saberlo?¿Quién se cree que es al fin y al cabo?

NAT: ¿Qué pretende decir con eso de quién me creo que soy?¿Acaso soy un Don Nadie?

LA MUERTE: Nadie, no. Es un confeccionista de pret-a porter. ¿De dónde va a sacar un conocimiento de los misterios eternos?

NAT: ¿De qué está hablando? Yo gano mucha pasta. Envié a mis dos chicos a la universidad. Uno está en publicidad, el otro se casó. Tengo casa propia. Llevo un Chrysler. Mi mujer tiene lo que se le antoja. Criadas, abrigo de visón, vacaciones. En este momento está en Eden Roc. Cincuenta dólares al día sólo porque quiere estar cerca de su hermana. Tengo que reunirme con ella la semana que viene, entonces, ¿qué piensa que soy?¿Un tipo corriente?

LA MUERTE: Está bien. No sea tan quisquilloso.

NAT: ¿Quién es quisquilloso?

LA MUERTE: Yo también podría enfadarme porque me ha insultado.

NAT: ¿Quién lo ha insultado?

LA MUERTE: ¿No dijo que lo había desilusionado?

NAT: ¿Qué espera? ¿Pretende que tire la casa por la ventana?

LA MUERTE: No estoy hablando de eso. Quiero decir, yo personalmente, que soy demasiado bajo, que soy eso, que soy lo otro.

NAT: Dije que se parecía a mí. Es como un reflejo.

LA MUERTE: Ok, está bien, corte, corte.

(Continúan jugando, mientras sube el volumen de la música y se van apagando las luces hasta la oscuridad total. Las luces vuelven a encenderse lentamente; ha pasado el tiempo y se ha terminado la partida. Nat cuenta los puntos.

NAT: Sesenta y ocho... ciento cincuenta... Bueno ha perdido.

LA MUERTE: (mirando, abatido, los naipes): Sabía que no debía haber tirado ese nueve. ¡Mierda!

NAT: Entonces lo veo mañana.

LA MUERTE: ¿Qué significa eso de que me ve mañana?

NAT: Me gané un día extra. Ahora déjeme.

LA MUERTE: ¿Habla en serio?

NAT: Un trato es un trato.

LA MUERTE: Sí, pero…

NAT: No me venga con “peros”. Le gané las veinticuatro horas. Vuelva mañana.

LA MUERTE: No sabía que jugábamos por tiempo.

NAT: Lo siento mucho. Tendría que prestar más atención.

LA MUERTE: ¿Y ahora qué voy a hacer durante veinticuatro horas?

NAT: A mí ¿qué me importa? El asunto es que le gané un día extra.

LA MUERTE: ¿Qué quiere que haga? ¿Qué camine por las calles?

NAT: Métase en un hotel, váyase al cine. Tome un schvitz !No haga de eso un asunto de Estado!

LA MUERTE: A lo mejor se ha equivocado al contar.

NAT: No sólo no me he equivocado, sino que me debe, además, veintiocho dólares.

LA MUERTE: ¿Qué?

NAT: Así es amigo. Aquí está, léalo.

LA MUERTE (revisándose los bolsillos): Tengo unas cuantas monedas, pero no veintiocho dólares.

NAT: Le acepto un cheque.

LA MUERTE: ¿Un cheque? ¿En qué cuenta?

NAT: ¡Si todos fueran como usted!

LA MUERTE: Ponga un pleito, demándeme, haga lo que quiera. ¿Cómo voy a tener yo cuenta corriente?

NAT: Muy bien, muy bien. Deme lo que tenga y quedamos en paz.

LA MUERTE: Escuche, necesito ese dinero.

NAT: ¿Por qué va a necesitar dinero La Muerte? Cuénteselo a su tía.

LA MUERTE: No haga bromitas. Está a punto de ir al Más Allá.

NAT: ¿Y qué?

LA MUERTE: ¿Cómo y qué? ¿Sabe lo lejos que está?

NAT: ¿Y qué?

LA MUERTE: Y la gasolina ¿qué? ¿Y el peaje?

NAT: ¿Con que vamos en coche?

LA MUERTE: Ya verá. (Agitado) Mire, vuelvo mañana y me da otra oportunidad para recuperar mi pasta, ¿eh? De lo contrario, tendrá problemas.

NAT: Como quiera. Es muy posible que gane una semana extra o un mes. Quizá un año..De modo que juega…

LA MUERTE: Mientras tanto, me he quedado sin un centavo.

NAT: ¡Hasta mañana!

LA MUERTE (empujado hacia la puerta): ¿Dónde hay un buen hotel? ¿Qué hablo de hoteles si no tengo un céntimo? Iré a sentarme en una confitería. (Recoge el News .)

NAT: Eh, deje eso. Es mi diario.(Se lo quita)

LA MUERTE (yéndose): ¡Y pensar que pude agarrarlo y llevármelo sin problemas! ¿Por qué me dejé enrollar con el rummy?

NAT (llamándole): Y tenga cuidado al bajar.¡En uno de los escalones, la alfombra está suelta!

(Y, al instante, se oye una gran estruendo y el sonido de alguien que cae. Nat suspira, luego se dirige a la mesita de noche y hace una llamada telefónica.)

NAT: ¿Hola, Moe? Yo. Escucha, no sé si alguien me ha hecho una broma o qué, pero La Muerte acaba de salir de aquí. Jugamos un poco al rummy. No, La Muerte. En persona. O alguien que afirma ser La Muerte. Peor, Moe, ¡es un schlep! ¡El rey de los huevones!

 

Telón

  • Woody Allen
    Allen, Woody

    Allen Stewart Konigsberg, Woody Allen (1935) nació en Brooklyn, Nueva York el 1 de diciembre de 1935. De origen judío, él mismo define su familia como "burguesa, bien alimentada, bien vestida, e instalada en una cómoda casa". Poco afecto al estudio académico, lo atrajeron el cine, los comics y la música. Estudió violín y luego el clarinete.

     

    En 1951 se inicia como humorista y en 1957 recibe su primer premio (Sylvana Award). Dirige sus espectáculos en la cadena de hoteles Borsch Belt, pasa por la televisión y finalmente llega al cine como guionista y actor en What’s new Pussy Cat (1965) con un papel secundario, debutando como director en What's up Tiger Lily? (1966).

     

    En 1956 Woody se casó con Harlene Rosen de quien se divorciaría en 1962. En 1966 reincide con Louise Lasser, actriz en sus primeras películas hasta el divorcio (1969). Su pareja con Mia Farrow concluirá tras el escándalo de la hija adoptiva Soon-Yi Previn, con quien se casaría en 1997.

     

    A través de su producción filmográfica define con sarcasmo y cierto desdén el estilo de la clase burguesa neoyorkina con una ductilidad que le permite apelar al ingenio de Groucho Marx, la bufonada de Bob Hope y aún al drama bergmaniano. No obstante se expresa con mayor fuerza en la comedia absurda. Su temática alterna entre el sexo, Dios y la muerte.

     

    Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias (2002) tiene su estatua en el centro de Oviedo a pesar de las resistencias del público. Los últimos años ha filmado en Europa con gran suceso especialmente en Francia.

     

    Ha filmado alrededor de cincuenta filmes entre los cuales se destacan Casino Royal (1967), Bananas (1971), Todo lo que quiso saber sobre el sexo... (1972), La última noche de Boris Grushenko (1975), Manhattan (1979), La rosa púrpura de El Cairo (1985), Hanna y sus hermanas (1986), Días de radio (1987) y Match Point (2005).

     

Más en este número « Ser polvo