facebook
Menu

Año 5 #49 Noviembre 2018

El profesor de ajedrez

“El jugador de ajedrez” es un cuento de formas clásicas, de remate fuerte e inesperado. También es clásico porque el final nos lleva inevitablemente a replantearnos lo que hasta allí leímos. ¿Qué partidas de ajedrez eran las partidas de ajedrez entre el hombre y el forastero?

 

El profesor de ajedrez

 

De Cuentos argentinos, Siruela, 1986. Antólogo Jorge Luis Borges

 

Cuando al hombre se lo presentaron, en el Club Social del pueblo, no entendió bien el apellido; pero el otro, evidentemente, no era de ahí.

El individuo era alto, canoso y con barba muy cuidada, como los dandys de la época de Mansilla. En seguida propuso jugar al ajedrez. En realidad el hombre apenas sabía mover las piezas, pero aceptó.

Todas las tardes, con paciencia, el forastero le daba lecciones. No jugaban, sino que estudiaban métodos para lograr una buena posición después de la apertura, combinar en el medio juego, rematar bien los finales. Un día, el profesor le dijo:

—¿Sabe que está jugando muy bien? Ya conoce casi tanto ajedrez como yo.

—El hombre se sintió halagado, pero no quiso alardear.

—En el «casi» está la diferencia —dijo.

—Sí, puede ser —contestó el otro, como si pensara en que ya era tiempo de irse a otro pueblo menos aburrido.

El aprendizaje duró todavía una semana. Cuando el domingo llegó, el profesor dijo:

—Mañana me iré del pueblo; es lunes… Pero, antes, vamos a dar la última lección.

Empezaron. La partida era pareja y no se vislumbraban posibilidades para ninguno de los dos. Estaban en el medio juego y el profesor, que parecía preocupado, no había tenido oportunidad de señalar ningún error, como hacía habitualmente ante una jugada débil o incorrecta del hombre. De pronto lo miró, y dijo:

—¿Quiere que juguemos en serio?

El alumno pareció no comprender: todo el tiempo había jugado en serio. El profesor aclaró:

—Quiero decir que sigamos esta partida hasta el final, ¿entiende? Sin que yo le indique nada. Un modo de medir sus fuerzas…

El hombre miró el tablero, repasó la posición y la consideró a la luz de todo lo que sabía. La partida era equilibrada y tenían las mismas piezas. Pero algo le gustaba. Era como una intuición de que iba a ganar, como un deseo de competir, de arriesgarse.

Miró el rostro impasible del profesor.

—¡Bueno!, —dijo.

Entonces el otro movió una pieza (le tocaba jugar a él), y susurró:

—Mate.

Era cierto.

—Es admirable —dijo el alumno. Aparentemente no había ningún peligro. Estábamos iguales…

—Así es, aparentemente —señaló el profesor.

El hombre, ya resignado, comentó, mientras se levantaban:

—Es malo fiarse mucho, ¿no? Esta ha de ser la última lección… ¿Cómo me dijo que se llamaba?

El profesor contestó:

—Dios.

  • Federico Peltzer
    Peltzer, Federico

    Federico Peltzer (Buenos Aires 1924-2009) fue poeta, ensayista y novelista; de profesión abogado, fue juez y camarista civil.

    Miembro de las Academia Argentina y Paraguaya de Letras y de la Real Española. Profesor de Literatura de la USAL y de la UNLP en Literatura Española. Colaborador y Crítico Literario de La Nación, La Prensa y La Gaceta.

    Dictó cursos en universidades nacionales e internacionales. Jurado de premios literarios oficiales y privados del país.

    Publicó las novelas:

    • Tierra de Nadie
    • Compartida
    • La vuelta de la esquina
    • La Noche
    • El mar que tanto sabe de las piedras

    Los volúmenes de cuentos:

    • Con muerte y con niños
    • El silencio
    • Un país y otro país
    • El cementerio del tiempo
    • La puerta del limbo, Fronteras.

    Poesía:

    • Poesía secreta
    • Los oficios
    • Los poemas del niño
    • La sed con que te llevo
    • La mi muerte

    Ensayo:

    • Poesía sobre la poesía.

    Recibió entre otros premios: Emece, Kraft, Losada, Faja de Honor de la SADE, Pluma de Plata del PEN, Gente de Letras, Laurel de Plata del Rotary, Fondo Nacional de las Artes.