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Año 4 #46 Agosto 2018

La apasionada sonata del sereno Barenboim

La nota de Horacio Verbitsky que reproducimos habla sobre la extraordinaria intervención de Daniel Barenboim durante la ceremonia en la que recibió el premio de la Fundación Wolf para las Artes en 2004. Las palabras de Barenboim y las de la ministra de educación israelí que le contesta muestran que en todos los pueblos y en todas las épocas la cultura no es un cuerpo homogéneo. Conviven y disputan el poder en ella visiones diferentes, algunas absolutamente contrapuestas. Visiones que corresponden a intereses diferentes, algunos, claro, absolutamente contrapuestos.

La premiación del maestro Barenboim fue en mayo de 2004, en el parlamento de Israel. El video fue extraído de la película Knowledge Is the Beginning, dirigida por Paul Smaczny (2005).

 

La sonata para piano nº 23 en fa menor Opus 57 de Ludwig van Beethoven (para los amigos “el Beto”), conocida como Appassionata, es considerada una de las tres grandes sonatas de su período medio (las otras son la Sonata Waldstein Op. 53 y la Sonata Les adieux Op. 81a). Fue compuesta en Döbling, un pueblo cerca a Viena en 1804, dedicada al conde Franz von Brunswick y publicada por el Bureau des Arts et d'Industrie.

 

 

 

 

La apasionada sonata del sereno Barenboim

Nota de Horacio Verbitsky aparecida en El cohete a la luna, el 1 de julio de 2008.

 

Desde hace varios años, el ex presidente oriental Julio María Sanguinetti publica en distintos medios rioplatenses artículos de opinión en los que asimila los cuestionamientos a las políticas del Estado de Israel como antisemitas. En 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas equiparó al sionismo con racismo y en 1991 anuló esa fórmula, cuando el portavoz israelí ante la Asamblea era el actual premier Benjamín Netanyahu. En una retorsión de esas posiciones, Sanguinetti asimila antisionismo con antisemitismo. En su última publicación, describe un desplazamiento del antisemitismo de la derecha tradicional al antisionismo de izquierda.

Ninguna de estas demasías facilita la comprensión ni ayuda a resolver los complejos problemas derivados de la reivindicación de un mismo territorio por dos pueblos distintos que se acusan recíprocamente de usurpadores, uno en tiempos bíblicos, el otro en la actualidad.

Sanguinetti repite como verdad revelada la versión oficial del Estado de Israel, según la cual los palestinos no tienen su Estado como lo preveía la resolución de las Naciones Unidas de 1947 de partir el territorio en dos, porque los países árabes se negaron a aceptar el suyo, por odio a Israel, que se continúa hoy en el terrorismo de Hamas.

Historiadores e intelectuales judíos sostienen por su parte que hubo una política deliberada de masacres de mujeres y niños por parte del primer gobierno israelí para sembrar el terror y forzar el éxodo palestino. Aquí se ahorrarán las descripciones de esos hechos atroces, con cumbres inenarrables como Sabra y Shatila. Incluso el ministro de Relaciones Exteriores y luego segundo primer ministro de Israel, el moderado Moshé Sharett, dejó testimonio en su  diario, publicado luego de su muerte, de la repulsión que le provocaba esa política. “Es una mancha indeleble que no podremos borrar durante muchos años”, escribió en 1953, convencido de que “cada operativo de represalia enciende un nuevo mar de odio”. El principal agente de esa política, justificada con el argumento de que no volvería a derramarse sangre judía en forma impune, fue el comando militar y luego primer ministro Ariel Sharon.

El video que acompaña esta nota muestra la reproducción en el presente de las posiciones enfrentadas de Sharon y Sharet, en el extraordinario diálogo entre el músico Daniel Barenboim y la ministra de educación israelí, Miri Regev, la misma que fulminó a Messi por la cancelación del partido en Jerusalén. La calidad del video es mediocre, pero su contenido es excepcional. Transcurre durante la ceremonia en la que Barenboim recibió el importante premio de la Fundación Wolf por sus relevantes posiciones musicales y humanistas. En su discurso de aceptación, Barenboim recordó que emigró de la Argentina a Israel a sus 10 años, en 1952, cuando sólo habían pasado cuatro años de la declaración de la independencia del país en el que hasta hoy vive, si bien viaja por el mundo como director de grandes orquestas, en Berlín y Chicago. Con un tono calmo y reflexivo leyó estos fragmentos de la declaración de la Independencia, que consideró inspiradores para el ideal que los convirtió de judíos en Israelíes: “El Estado de Israel se consagrará al desarrollo del país para el bienestar de todos sus habitantes. Se funda sobre los principios del derecho y la libertad y del bienestar de todos, guiado por las visiones de los profetas de Israel, sin considerar diferencias de raza, religión o sexo. Garantiza a todos sus ciudadanos iguales derechos sociales y políticos, su libertad de culto, de opinión, de lengua, de educación y de cultura”.

Sus firmantes, agregó Barenboim, se comprometieron en nombre de todos a la paz y la buena vecindad con todos los estados fronterizos y sus pueblos. Se declaró hondamente dolorido y preguntó si el estado de ocupación y control de otro pueblo era compatible con la declaración de la independencia, si es congruente la independencia de un país con la violación de los derechos fundamentales de otro. “¿Puede el pueblo judío, cuya historia se ha caracterizado por el sufrimiento y la persecución permitirse ser indiferente hacia los derechos fundamentales y el sufrimiento de un Estado vecino?” Consideró un sueño irreal la solución ideológica del conflicto y propuso en cambio un arreglo pragmático y humanitario basado en la justicia social. Reiteró su descreimiento en una solución militar. Agregó que en vez de esperar a que se encuentre una solución fundó junto con su difunto amigo palestino Edward Said un taller musical para jóvenes de todos los países de Medio Oriente, árabes y judíos, ya que por su naturaleza la música puede elevar los sentimientos y el poder de imaginación de israelíes y palestinos. “Por eso he decidido donar la dotación económica del premio a actividades de educación musical en Israel y Ramallah”, concluyó.

La ministra de Educación, Cultura y Deporte, Miri Regev, se declaró “consternada” y acusó a Barenboim de elegir el escenario del premio para “atacar al Estado de Israel”. Mientras la audiencia se dividía en aplausos y silbidos, Barenboim regresó al atril y ya sin papeles, apasionado pero con serenidad propia de quien está muy seguro de su posición, dijo que no había ofendido al Estado de Israel. “Sólo me he tomado la libertad de citar partes de la declaración de la independencia y de formular unas cuantas preguntas retóricas. Señora ministra, usted tiene derecho de dar otras respuestas”.

Desde la ciudad donde Barenboim y yo nacimos con pocos meses de diferencia, sólo me permito lamentar que este ejemplo de respeto y tolerancia entre quienes sostienen posiciones antagónicas no se extienda a los habitantes árabes que sobreviven como ciudadanos de segunda en el Estado de Israel.

  • Horacio Verbitsky
    Verbitsky, Horacio

    Horacio Verbitsky (Buenos Aires, 1942) es un periodista y escritor argentino, conocido por su militancia por los derechos humanos. Desde 1999 integra la Junta Directiva de la división latinoamericana de la ONG Human Rights Watch/Américas y desde 2000 preside el CELS.

    Es autor de más de veinte libros. Escribió durante treinta años para el diario argentino Página/12. Dirige y escribe en una página web sobre investigación periodística El cohete a la luna (ww.elcohetealaluna.com).

    Hijo del también periodista y escritor Bernardo Verbitsky, es uno de los  más destacados en su profesión, la que ejerce desde 1960. Es apodado “El Perro”, por el seguimiento de temas y personalidades que son objeto de sus investigaciones, aunque HV admite que el origen del apodo que le puso Paco Urondo estaba más ligado a su poco humor;caricaturas perrunas acompañaron durante 1996 sus columnas en Página/12. Es autor de lo que se considera la mejor definición de su profesión: “Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar”.

    En la década del ‘70, junto a Rodolfo Walsh, se integró al Peronismo de las Bases (PB), con las Fuerzas Armadas Peronistas constituidas en 1968, como brazo armado. Con una de sus escisiones, en 1973, se sumó al Peronismo revolucionario de Montoneros. Hacia 1977, al igual que Walsh, Verbitsky terminó por distanciarse también de esa organización armada (donde no estuvo más de cuatro años), con críticas públicas y documentadas.

    Durante la dictadura, junto a Walsh y otros, difundió cables de su Agencia de Noticias Clandestinas que denunciaban la represión ilegal. En ese 1976, hizo circular la primera Historia de la Guerra Sucia, con noticias del campo de concentración en la ESMA y de cómo arrojaban personas al río. Tras el crimen de Walsh (24 de marzo de 1977), HV reanudó la publicación y distribución de los cables de ANCLA.

    Durante la década del '90, promovió la creación de “Periodistas”, la Asociación para la Defensa del Periodismo Independiente. Algunas de sus intervenciones influyeron en fallos judiciales o en modificar la legislación nacional (como la derogación de la figura del Desacato) o provincial, al punto de que se hable del "Fallo Verbitsky", contrario al uso inconstitucional de la prisión preventiva en las cárceles de la provincia de Buenos Aires, donde siete de cada diez presos lo están sin condena, según datos del Ministerio de Justicia de Bs. As.

    Trabajó en los diarios: Noticias Gráficas, El Siglo, El Mundo, La Opinión, Clarín, Noticias, y Página/12. Además, ha escrito en las revistas: Tiempo de cine, Rebelión, Confirmado, Semanario de la CGTA, Cuadernos del Tercer Mundo, Paz y Justicia, Humor, El Periodista y Entre Todos.

    Libros:

    • Prensa y poder en Perú. México DF: Extemporáneos. 1975
    • La última batalla de la tercera guerra mundial. Buenos Aires: Legasa. 1984
    • Rodolfo Walsh y la prensa clandestina (1976-1978) (1985) Ediciones de la Urraca: Buenos Aires. Con un Ensayo sobre San Martín43
    • La posguerra sucia. Buenos Aires: Legasa. 1985
    • Ezeiza. Buenos Aires: Contrapunto. 1986.
    • Hacer la Corte:la construcción de un poder absoluto sin justicia ni control. Buenos Aires: Planeta. 1993
    • Robo para la corona. Buenos Aires: Planeta. 1995
    • El vuelo. Buenos Aires: Planeta. 1995
    • Un mundo sin periodistas. Buenos Aires: Planeta. 1999
    • Hemisferio derecho. Buenos Aires: Planeta. 1999
    • Malvinas: La última batalla de la Tercera Guerra Mundial (versión ampliada). Buenos Aires: Editorial Sudamericana. 2002
    • Civiles y militares: memoria secreta de la transición. Buenos Aires: Sudamericana. 2003
    • Medio siglo de proclamas militares. Buenos Aires: La Página. 2006
    • La educación presidencial. Buenos Aires: La Página. 2006
    • El silencio. Buenos Aires: La Página. 2006
    • Doble juego: la Argentina católica y militar. Buenos Aires: Sudamericana. 2006
    • Cristo vence: la Iglesia en la Argentina: un siglo de historia política (1884-1983). Buenos Aires: Sudamericana. 2007
    • La violencia evangélica. Historia política de la Iglesia católica. Buenos Aires: Sudamericana. 2008
    • Vigilia de armas. Del Cordobazo de 1969 al 23 de marzo de 1976. Buenos Aires: Sudamericana. 2009
    • La mano izquierda de Dios. La última dictadura (1976- 1983). Buenos Aires: Sudamericana. 2010
    • Cuentas pendientes. Los cómplices económicos de la dictadura. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina. 2013. Coeditado con Juan Pablo Bohoslavsky
    • I complici. Conversazioni con Horacio Verbitsky su chiesa, dittatura ed economia (en italiano). Nova Delphi Libri. 2015
    • La libertad no es un milagro. Buenos Aires: Planeta. 2017. Con la colaboración de Alejandra Dandan y Elizabeth Gómez Alcorta
    • Vida de Perro. Buenos Aires: Siglo XXI. 2018. Escrito con Diego Sztulwark.
  • Daniel Barenboim
    Barenboim, Daniel

    Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) pianista y director de orquesta argentino israelí. Hijo de músicos (tanto Enrique Barenboim como Aída Schuster, sus padres, fueron destacados pianistas), debutó en Buenos Aires a los siete años con un éxito tal que fue invitado por el Mozarteum de Salzburgo a continuar sus estudios en esta ciudad, en cuyo famoso festival triunfó tres años después. Posteriormente estudió con Nadia Boulanger, Ígor Markevitch y en la Academia de Santa Cecilia de Roma.

    En 1956 se presentó en Londres y Nueva York apoyado por Arthur Rubinstein, antes de integrarse como solista de la Filarmónica de Israel y actuar en Argentina, Australia, Rusia o Japón. Con veinte años, las grandes orquestas del mundo disputaban sus servicios, y en 1966 se incorporó como director de la English Chamber Orchestra.

    Desde entonces fue protagonista del panorama musical al frente de la New Philharmonia Orchestra, la Ópera de la Bastilla, el Festival Mozart, la Orquesta Filarmónica de Chicago o la Deutsche Staatsoper de Berlín, con un repertorio amplísimo que tan pronto resucitaba bajo nuevas concepciones obras de los clásicos como incluía piezas de contemporáneos como Witold Lutoslawski, Luciano Berio, Pierre Boulez o Hans Werner Henze.

    Casado en 1967 con la eximia chelista británica Jacqueline du Pré (que, afectada en la cumbre de su carrera por una esclerosis múltiple, murió en 1987), el estreno de Hillary & Jackie (1999), filme basado en sus tortuosas relaciones íntimas, fue fuente de escandalosas resonancias de las que el director persistió en mantenerse al margen, consagrado a los múltiples compromisos musicales que lo acercaban ya a sus cincuenta años en la música.

    Considerado uno de los mejores directores de Wagner del mundo, durante el verano de 2001 desató una encendida polémica al ejecutar una pieza de Tristán e Isolda en el marco del Festival de Israel, desafiando el boicot oficial a las obras del compositor alemán. El hecho llegó al parlamento, cuya comisión de cultura recomendó declarar al músico persona non grata "hasta que no se disculpe públicamente por haber ejecutado allí una obra del compositor favorito de Adolf Hitler".

    Pero Barenboim, judío como el que más, pero tan horrorizado por Hitler como por la situación actual de Oriente Próximo, estaba convencido de que la música es un instrumento ideal para tender puentes. Y no habían pasado dos meses del escándalo en su país de adopción cuando reunió en Chicago a 73 jóvenes músicos israelíes, palestinos, jordanos y libaneses en su proyecto Taller West-Eastern Divan (Premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 2002), cuyo objetivo era el de acercar a árabes, judíos y palestinos a través de la música. En los últimos tiempos ha residido en Berlín, donde dirige la orquesta Staatskapelle.