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Año 4 #42 Abril 2018

La voz de la mujer. Periódico Comunista-Anárquico, número 1 del 8 de enero de 1896

Un tema que influye decididamente en el erotismo de hoy es el largo y trabajoso proceso de emancipación de la mujer.
Proceso cuyos ecos llegaron al país desde Europa y los Estados Unidos. Los lejanos antecedentes de fines del siglo XVIII —la “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”, de Olympe de Gouges, en 1791; y la Vindicación de las mujeres de Mary Wollstonecraft, en 1792— se multiplicaron y enriquecieron en el siglo XIX. Lucrecia Mott impulsó la Equal Rights Association, exigiendo la igualdad de derechos para las mujeres y los negros en Estados Unidos, y las obreras textiles de Nueva York se declararon en huelga en 1857 para obtener la igualdad de salarios y la reducción de la jornada de trabajo. En 1862  las mujeres votaron en las elecciones municipales en Suecia, en 1865 se fundó la Asociación General de Mujeres Alemanas y un año después, en Londres, John Stuart Mill reclamó en la Cámara de los Comunes el voto femenino. Las mujeres pudieron cursar estudios de medicina en Francia y Suecia y, finalmente, en 1889, Cecilia Grierson se convirtió en la primera mujer que se recibe de médica de la Argentina.
Un largo camino que aún no ha terminado.

La voz de la mujer.
Periódico Comunista-Anárquico
Número 1 del 8 de enero de 1896

Compañeros y compañeras ¡salud!

Y bien: hastiadas ya de tanto y tanto llanto y miseria, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros desgraciados hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida.

Largas veladas de trabajo y padecimientos, negros y horrorosos días sin pan han pesado sobre nosotras, y ha sido necesario que sintiésemos el grito seco y desgarrante de nuestros hambrientos hijos, para que hastiadas ya de tanta miseria y padecimiento, nos decidiésemos a dejar oír nuestra voz, no ya en forma de lamento ni suplicante querella, sino en vibrante y enérgica demanda. Todo es de todos.

Hasta ayer hemos suplicado a un Dios, a una virgen u otro santo no menos imaginario el uno que el otro, y cuando llenas de confianza hemos acudido a pedir un mendrugo para nuestros hijos, ¿sabéis lo que hemos hallado? La mirada lasciva y lujuriosa del que anhelando cambiar de continuo el objeto de sus impuros placeres, nos ofrecía con insinuante y artera voz un cambio, un negocio, un billete de banco con que tapar la desnudez de nuestro cuerpo, sin más obligación que la de prestarles el mismo.

Marchamos más adelante, siempre confiadas y con la esperanza puesta en Dios y en los cielos, y después de haber tropezado y caído por no mirar por donde caminábamos mientras fijábamos nuestra anhelante mirada en los cielos, ¿sabéis lo que encontramos? Lascivia y brutal impureza, corrupción y cieno y una nueva ocasión de vender nuestros flacos y macilentos cuerpos. Volvimos atrás nuestros ojos, ¡seos sí, muy secos ya! y allá, a lo lejos, en lontananza, casi vimos a nuestros hijos, pálidos, débiles y enfermizos... y la brisa caliginosa ya, nos traía la eterna melodía del pan. ¡Mamá, pan por Dios! Y entonces comprendimos porqué se cae... porqué se mata y porqué se roba (léase expropia).

Y fue entonces también, que desconocimos a ese Dios y comprendimos cuán falsa es su existencia; en suma, que no existe.

Fue entonces que compadecimos a nuestras caídas y desgraciadas compañeras. Entonces quisimos romper con todas las preocupaciones y absurdas trabas, con esta cadena impía cuyos eslabones son más gruesos que nuestros cuerpos. Comprendimos que teníamos un enemigo poderoso en la sociedad actual y fue entonces también que mirando a nuestro alrededor, vimos muchos de nuestros compañeros luchando contra la tal sociedad; y como comprendimos que ése era también nuestro enemigo, decidimos ir con ellos en contra del común enemigo, mas como no queríamos depender de nadie, alzamos nosotras también un girón del rojo estandarte; salimos a la lucha... sin Dios y sin jefe.

He aquí, queridas compañeras, el porqué de nuestro periódico, no nuestro sino de todos, y he aquí, también, porqué nos declaramos comunistas anárquicas proclamando el derecho a la vida, o sea igualdad y libertad.

La Redacción

  • La voz de la mujer
    La voz de la mujer

    La Voz de la Mujer fue el primer periódico comunista anárquico redactado por mujeres de la Argentina.

    El lema del periódico era “Ni dios, ni patrón, ni marido”. El periódico fue editado primero en Buenos Aires entre 1896 y 1897. En 1899 hay documentación que indica que fue publicado en Rosario, bajo dirección de Virginia Bolten, aunque no se han encontrado ejemplares. A En la década de 1910 hay constancias del intento de reeditar el periódico en Montevideo pero las constancias históricas indican que el proyecto no prosperó. Aparecen como colaboradoras de la publicación porteña Teresa Marchisio, Pepita Gherra, María Calvia y Josefa Martínez.