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Platón

La obra de Aristocles, el aristocrático ateniense apodado Platón por sus anchas espaldas, ilumina el pensamiento de la humanidad.

Desalentado por la mezquindad de las maniobras políticas que apresuran la caída de la espléndida Atenas de su juventud, se convierte en un pensador lanzado a la búsqueda de un Estado justo. El fracaso del hombre de estado acuna el nacimiento del iluminado filósofo de La República y Las Leyes. Se convierte en discípulo de Cratilo, Heráclito y los sofistas. Se vincula estrechamente a Sócrates, de quien adopta el método dialéctico expresado a través del debate (preguntas y respuestas). Ocurrida la muerte de su gran maestro, a quien recordará permanentemente, emigra e ingresa en la escuela de Euclides en Megara (-399). Visita Cirene y Egipto. Regresa a Atenas y reinicia el periplo visitando Siracusa con la intención de aplicar sus reformas políticas (-390). Realiza un segundo viaje (-367) y es tomado prisionero por el tirano Dionisio; liberado luego, realiza un tercer viaje sin éxito. Funda la célebre Academia (-388) y pasa los últimos años de su vida impartiendo las enseñanzas de su pensamiento y escribiendo sus obras. 

Su filosofía está condensada en los célebres Diálogos divididos en cuatro etapas:

Primeros diálogos: Sócrates es quien los protagoniza. Se encuentra con alguien que cree saber mucho, confiesa su ignorancia y pide ayuda a quien dice saber. A través de preguntas hace evidente que el supuesto sabio en realidad no sabe nada y en cambio él sí: sabe que no sabe nada. Este es el primer peldaño en la escala del conocimiento. Algunos de estos primeros diálogos, en los que se tratan diversas cuestiones, son: Eutifrón (la piedad y la religión), Laques (el valor), Cármides (la templanza), Apología de Sócrates (la defensa en el juicio que lo lleva a la muerte) y Protágoras (demuestra que la virtud es conocimiento y es posible aprehenderlo).

Diálogos de transición: Aún Sócrates sigue siendo el protagonista, pero las ideas en esta etapa son propias de Platón. Entre otros diálogos se encuentran: Gorgias (ética), Menón (el conocimiento), Lisis (la amistad) y el “libro I” de La República (la justicia).

Diálogos de madurez: El Banquete (realización dramática que trata sobre la belleza y el amor), Cratilo (el lenguaje), Felón (escena de la muerte de Sócrates que trata sobre el alma y la inmortalidad) y “los libros II al X” de La República (una detallada discusión acerca de la justicia).

Diálogos de vejez: Entre los trabajos de este período se encuentran: Teeteto (diferencias entre percepción y conocimiento), Parménides (la teoría de las ideas), El Sofista (reflexión sobre las ideas y las formas), Filebo (relación entre el placer y el bien), Timeo (ciencias naturales y cosmología) y Las Leyes (cuestiones políticas y sociales).

Existen además no menos de una docena de diálogos de orígenes inciertos o apócrifos que se le atribuyen a Platón sin certeza absoluta. Entre ellos figuran Alcibíades I y II, Hiparlo, Sísifo, Sobre lo justo y Sobre la virtud.

En cuanto al contenido de su filosofía, la médula del pensamiento se centra en la teoría de las formas o de las ideas. Todos sus conceptos (conocimiento, ética, arte, Estado, etc.) deben ser comprendidos desde esta perspectiva: La realidad es solo probable y a través de ella es posible dar solamente opiniones. La verdad, en cambio, es ideal y se alcanza a través del conocimiento. El mundo físico es aparente, proviene de la experiencia. La razón, utilizada debidamente, conduce al conocimiento verdadero que es la sustancia, la forma eterna que constituye el mundo verdadero. Su representación simbólica está en el Topos Urano, sitio ideal donde se halla la esencia de la verdad.

Las cosas del mundo físico lo son, en virtud de su parecido con la representación ideal, verdadera, que reside en el Topos Urano. A modo de ejemplo y en el campo de las matemáticas, distinguía el círculo (verdadero, es decir, ideal), de la forma circular que pueden tener los objetos del mundo físico, aún el dibujo de un círculo, que vendría a ser una mera representación del verdadero. Por eso la acepción vulgar de amor platónico refiere a una idealización del amor, una expresión incorpórea incapaz de descender a la “intrascendencia de lo físico”.

 

Obras del autor en La Púrpura de tiro