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Jeromé David Salinger

Jerome David Salinger (1919-2010) nació en Nueva York, EEUU. Comenzó a escribir a los 15 años sin alcanzar la graduación universitaria y algunos de sus cuentos aparecieron en revistas, entre ellas The New Yorker.

En 1937 ingresó al instituto militar Valley Forge y sirvió en el ejército (1942/44), experiencia que le significó honores y un profundo disgusto por la civilización moderna que volcaría en su obra literaria.

El guardián entre el centeno (1951), única novela y su obra más importante (traducida a casi cuarenta idiomas), lleva vendidos 60 millones de ejemplares y lo estableció como escritor de culto otorgándole la fama que buscaba afanosamente y a la que renunció inmediatamente después sin explicaciones.

Holden Caulfield, el héroe de la novela, se convirtió en prototipo del adolescente rebelde y confuso que busca la verdad y la inocencia lejos del mundo falso de los adultos. Faulkner calificaría la novela como “la obra maestra de su generación” y Scott Fitzgeral lo consideró su sucesor.

El éxito perturbó significativamente el carácter naturalmente tímido de Salinger generando un desdén por el culto de la fama, rasgo emergente en la cultura estadounidense y lo transformó en un ermitaño que vive oculto desde hace más de 40 años.

Otras obras de Salinger: Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961), Levantad, carpinteros, la viga maestra y Seymour: Una introducción (ambas en 1963). Hapworth 16, 1924, publicada en 1965 por The New Yorker. Hay otros relatos nunca traducidos que circulan restringidamente gracias a las hemerotecas de las universidades de EEUU.

El señalado culto a la notoriedad no le ha perdonado a Salinger la reclusión en su residencia de Cornish. Allí instaló un cartel que señala: “Prohibido el paso”, generando aún mayor curiosidad. Tampoco ha permitido ninguna publicación acerca de él.

Merodear la residencia que el escritor comparte con su esposa Collen O’Neill, casi medio siglo menor que él, es una temeridad que puede resultar costosa. Si el cartel no alcanza, deben considerarse los imponentes dos metros del anciano, y si aún no fuera suficiente para medir el atrevimiento, dicen que la escopeta usada por Salinger con algún descreído de su misantropía, termina por convencer a cualquiera.

Hay quienes sostienen que ha hecho de su reclusión un mito, más allá del cual deberá analizarse oportunamente el verdadero mérito de la obra.

Se sospecha que la reducida producción de Salinger ha sido engrosada los últimos cuarenta años de reclusión con quince volúmenes que verán la luz algún día y por los cuales se desviven sus admiradores. Todo muy misterioso.