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Horacio Quiroga

Horacio Quiroga (Salto, Uruguay, 1878–Buenos Aires, Argentina, 1937) es uno de los más grandes cuentistas americanos. Al igual que Poe, la vida se le reveló implacable desde sus primeros años. En 1879 muere su padre, víctima de un accidente de caza, y queda al cuidado de su madre, quien vuelve a casarse once años más tarde. Luego de cuatro años en los que el niño se encariña con su padrastro, éste es aquejado por una parálisis total que lo deja inmovilizado en una silla de ruedas. Un día fatal atrae hacia sí su vieja escopeta de caza y accionándola con el dedo del pie se dispara un tiro, en el momento en que el joven Horacio, de dieciséis años, entraba en la habitación. El impacto emocional sería imborrable.

Horacio Quiroga decide dedicarse a la literatura. Bajo la influencia de Leopoldo Lugones, Rubén Darío, Poe y Baudelaire, surgen sus primeros poemas. Cargados de fantasía nerviosa, sadomasoquismo, fetichismo y erotismo, sus paisanos se sintieron defraudados, pero este era sólo el comienzo de Quiroga.

A los veinte años se enamora perdidamente de María Esther y desea casarse sin demora, pero el matrimonio no se concreta por la intervención, quizás acertada, de su madre. Desde entonces, todas las mujeres de las que se enamoraría el escritor se llamarían María.

Alboreaba el siglo XX cuando Quiroga viaja a París. Allí conoce a Rubén Darío. En la Ciudad de Luz dilapida su herencia al punto de recurrir a la caridad para costearse el viaje de retorno. Ya de regreso publica su primer libro Los arrecifes de coral. No le llega el éxito pero su vocación de escritor ya está decidida.

El fatalismo se impone nuevamente cuando su entrañable amigo Federico Ferrando es retado a duelo por un miembro de un círculo literario rival al que había fundado Horacio —el Consistorio del Gay Saber— a su regreso de Montevideo. Otro impacto imborrable para la mente atribulada del escritor sería la visión de la muerte de su amigo al dispararse la pistola cuando él mismo le estaba enseñando su manejo. Acosado por la angustia, encuentra refugio en la casa de su hermana, en Buenos Aires. Es Leopoldo Lugones quien lo ayuda a superar este trance y le devuelve las ansias de consagrarse como escritor. Con él viaja a las selvas misioneras en calidad de fotógrafo, en una misión de investigación arqueológica.

Saborea su primer éxito en 1905 con la novela Los perseguidos. Colabora enCaras y Caretas y en el suplemento literario del diario La Nación.

En 1906 ejerce como profesor de literatura en una escuela. Se enamora de su alumna Ana María Cires, con quien se casa y viaja a la selva misionera en donde construye una casa y nacen dos hijos. Bajo el influjo de la apabullante suegra que los había acompañado, los enfados conyugales se hacen cada vez más frecuentes y el infortunio regresa con el suicidio de su esposa. El escritor regresa a Buenos Aires; encuentra consuelo en la educación de sus hijos y, en 1918, surgen losCuentos de la selva.

En su "Decálogo del cuentista" deja plasmadas sus ideas sobre el cuento como unidad emocional y apunta sus modelos: Poe, Maupassant, Kipling y Chéjov. La huella de estos maestros en Quiroga, su espíritu torturado y sensible, y el sino fantástico y siniestro de su vida, modelaron una prosa amplia y sobria que se aplica a describir la conducta de hombres y animales con un criterio estético que se abre a los matices psicológicos.

Luego del fracaso de un segundo matrimonio, esta vez con María Elena Bravo, compañera de colegio de su hija, con quien también se había trasladado a la selva con documentación válida para ejercer funciones consulares; el escritor regresó a Buenos Aires.

Ante la perspectiva de una enfermedad incurable, Horacio Quiroga se suicida con una ingesta de cianuro el 19 de febrero de 1937.

Obra:

  • Diario de viaje a París (Testimonio y observaciones, Montevideo, 1900)
  • Los arrecifes de coral (Prosa y verso, Montevideo, 1901)
  • El crimen del otro (Cuentos, Buenos Aires, 1904)
  • Los perseguidos (Relato, Buenos Aires, 1905)
  • Historia de un amor turbio (Novela, Buenos Aires, 1908)
  • Cuentos de amor de locura y de muerte (Cuentos, Buenos Aires, 1917)
  • Cuentos de la selva (Cuentos infantiles, Buenos Aires, 1918)
  • El salvaje (Cuentos, Buenos Aires, 1920)
  • Las sacrificadas (Cuentos escénicos en cuatro actos, Buenos Aires, 1920)
  • Anaconda (Cuentos, Buenos Aires, 1921)
  • El desierto (Cuentos, Buenos Aires, 1924)
  • Los desterrados (Cuentos, Buenos Aires, 1926)
  • Pasado amor (Novela, Buenos Aires, 1929)
  • Suelo natal (Cuentos, Buenos Aires, 1931)
  • Más allá (Cuentos, Buenos Aires - Montevideo, 1935)