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Silvina Ocampo

Silvina Ocampo (1903/1994) nació en Buenos Aires en 1903. Desde muy joven escribía, pero recién en 1937 hace su primera publicación con Viaje Olvidado (cuentos). Tres años más tarde se casa con Adolfo Bioy Casares (el matrimonio tuvo una sola hija: Marta), y en colaboración con él y Borges, aparece la Antología de la literatura fantástica (1940).

En la revista Sur publicó varios de sus cuentos y poemas. En total su aporte supera la veintena de obras entre las que destacan, además de las mencionadas, Enumeración de la patria(poemas, 1942), Los que aman, odian(1945), novela policial en colaboración con Bioy Casares, Espacios Métricos(1945), con el que obtuvo el Premio Municipal en 1954, Los nombres(poesía, 1953), que mereciera el Segundo Premio Nacional de Poesía del mismo año, La furia (1959), Las invitadas (1961), Lo amargo por dulce(1962), Primer Premio Nacional de poesía del mismo año y Cornelia frente al espejo (cuentos, 1988), Premio del Club de los 13.

Entre 1974 y 1979 publicó cinco volúmenes de cuentos infantiles (El Tobogán, El Caballo Alado, Canto escolar, el Cofre volante y La naranja maravillosa).

También se destacó como traductora del inglés y el francés. Borges, con quien mantuviera una gran amistad a lo largo de su vida, prologó una antología de sus cuentos publicada en Francia en 1974, cuya introducción es de Italo Calvino. También ha sido traducida al inglés e italiano.

Silvina Ocampo se ha transformado en un mito de la literatura argentina, por lo escasamente leída y por el eco de un apellido ilustre íntimamente vinculado a las letras vernáculas. La crítica en general (hay excepciones bien argumentadas), coincide en la importancia de su obra impregnada de un tono poético sugerente, una cierta y premeditada confusión en la que conviven sentimientos opuestos, como también inesperadas fracturas de las convenciones.

Su temática es la literatura fantástica en la cual desliza la ironía y un humor negro eficaz con ribetes truculentos. Borges le reconoce una virtud inquietante y que a él, particularmente, le causaba “un poco de aprensión: la clarividencia. Nos ve como si fuéramos de cristal, nos ve y nos perdona. Tratar de engañarla es inútil”. Ciertamente un elogio temible.

Han sido innumerables los reportajes, entrevistas, ensayos y comentarios hechos sobre Silvina Ocampo y su obra. Baste recordar algunos nombres notables que han echado una mirada sobre ella: Jorge Luis Borges, Ítalo Calvino, Edgardo Cozarinsky, Eduardo González Lanuzza, Ezequiel Martínez Estrada, Enrique Pezzoni, Marcelo Picho Rivière, Alejandra Pizarnik, Abelardo Castillo y Eloy Martínez entre otros.