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Eduardo Holmberg

Eduardo Ladislao Holmberg (Buenos Aires, 1852-Buenos Aires, 1937) fue principalmente un gran científico que brilló como naturalista, además de escritor, artista y hombre público.

En 1812 llegó desde Europa Eduardo Kannitz —Barón de Holmberg— (abuelo de Eduardo), en la misma fragata que transportaba a San Martín y a otros oficiales que venían, como él, a ofrecer sus servicios al país. Trajo numerosas colecciones de bulbos de plantas florales que eran desconocidas en la Argentina. Su hijo también fue botánico y logró implantar en Buenos Aires colecciones de camelias que fueron la curiosidad de toda la ciudad.

En el seno de esta familia de hombres dados a plantas y flores nació, en 1852, Eduardo Ladislao, heredero de la pasión botánica de su padre y abuelo, pero que extendería a todas las ciencias naturales.

Se recibió de médico en 1880, profesión que nunca practicó por un particular motivo: le repugnaba, según decía, ganar dinero sobre el dolor ajeno. Se dedicó a la botánica, la zoología, la mineralogía y la geología, en tiempos en los que, como él mismo recordaba, "era voz corriente, no sólo entre los estudiantes, sino también en todo el país, que la zoología era propia de carniceros, la botánica de verduleros y la mineralogía de picapedreros, cuando más de los marmoleros."

En 1872 inició sus investigaciones científicas con un viaje por el sur argentino, cuyos resultados publicó en la obra Viajes por la Patagonia. Tenía entonces sólo 20 años.

Curiosamente en la misma época también inició una intensa y exitosa actividad literaria. Incluido en la llamada generación del 80; positivista, como la mayor parte de sus contemporáneos, inicia en la Argentina un género cuyo desarrollo es incesante: el del cuento fantástico-científico, ciencia-ficción o fanta-ciencia. El romanticismo tuvo su propensión a la fantasía y a los seres de otras naturalezas, pero con el añadido científico positivista el género cobró una nueva potencia, un giro diferente que lo acerca más a lo actual. “Horacio Kalibang” es un primer paso en la consolidación del lenguaje literario nacional.

Sus novelas (a veces aparecidas en forma de folletín), ensayos, estudios sobre arte y poemas llenaron incontables páginas. Títulos como El ruiseñor y el artista, Insomnio, Boceto de un alma en pena, Olga, La pipa de Hoffmann, El tipo más original, Viaje maravilloso del señor Nic-Nac al planeta Marte, La bolsa de huesos, Umbra y La casa endiablada forman parte de la extensa lista de sus creaciones. Su dominio de varios idiomas le permitió además darse el gusto de traducir los Documentos del Club Pick-Wick, de Dickens, uno de sus autores preferidos.

Siendo aún un joven estudiante de medicina empezaron a aparecer trabajos suyos sobre los arácnidos en los Anales de la Agricultura Argentina, y en el Periódico Zoológico, que estaban entre las publicaciones científicas de mayor importancia en aquella época. Las investigaciones sobre las arañas —que ocuparon a Holmberg entre 1876 y 1879— dieron lugar a numerosos artículos en los que describe y clasifica varias especies nuevas y estudia también los perjuicios causados por algunas de ellas a la agricultura.

En 1877 hizo un viaje a las provincias del norte cuya reseña publicó en el Boletín del Consejo de Educación y en Mamíferos y Aves de Salta. Sus excursiones de estudio al sur argentino y a lugares como las sierras de Tandil, Chaco, Mendoza, Misiones, le permitieron un conocimiento personal de vastas regiones de la Argentina que volcó en descripciones geológicas, botánicas y zoológicas. Algunos de estos trabajos fueron impresos por la Academia de Ciencias de Córdoba, los Anales de la Sociedad Científica Argentina y en la revista de la Sociedad Geográfica Argentina. Publicó en total más de 200 obras; su libro Botánica Elemental, con 500 ilustraciones originales, fue un texto de consulta habitual en los colegios nacionales.

En 1881, inició expediciones de investigación a todas las zonas geográficas argentinas, publicando los resultados de los estudios en libros de gran valor científico, en particular sus Resultados científicos, especialmente zoológicos y botánicos de los tres viajes llevados a cabo en 1881, 1882 y 1883 a la sierra de Tandil. Inmediatamente tuvo oportunidad de trabajar con Ameghino, durante una importante expedición al Chaco.

La fauna y la flora de Holmberg, compendio de botánica y zoología de la Argentina, que vio la luz en 1895, se convirtió en una obra única en el país por más de 60 años.

Entusiasta impulsor de las ciencias naturales, Holmberg fue el primer profesor de Historia Natural —como se denominaba entonces a la biología— que hubo en la Argentina y desarrolló esta tarea por 40 años. Comenzó con la docencia en la Escuela Normal de Profesores y la continuó en la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales de Buenos Aires, donde fue el primer argentino que ocupó la cátedra de Ciencias Naturales. También fue profesor de Física y Química y el creador del Gabinete y Laboratorio de Historia Natural.
Eduardo Holmberg murió en 1937. Había llegado a formar parte de la Sociedad Científica Argentina y fue presidente honorario de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su obra no es fácil de encuadrar y es comprensible que sea así, ya que en su época no existía una tradición científica asentada. Los tiempos en los que actuó no le permitieron otras disciplinas ni otra escuela que su propia vocación.

Obras del autor en La Púrpura de tiro